LO QUE PASÓ DESPUÉS DE CORAZÓN DE MAGDALENA

Pamela – Corazón de Magdalena

Hace un poco más de dos años atrás, yo estaba empezando en un trabajo donde deposité todas mis ilusiones. Era un trabajo en el gobierno y me pagaban mejor que en ninguno de los otros miles de trabajos que había tenido, por lo que cuando entré me ilusioné con que significaría la tan ansiada estabilidad, el augurio de un mejor futuro y todas esas cosas que uno piensa que van a pasar cuando te vas acercando a los 30 (o al menos yo las pensaba). La cosa fue que el trabajo no fue tan soñado y el ambiente era casi insostenible, por lo que después de mucho darle vueltas, renuncié en busca de algo mejor.
Hace un año atrás, yo había renunciado recién a ese trabajo y además, estaba dejando de vivir con mis papás para lograr la tan ansiada independencia. Empecé a buscar trabajo como loca, fui a unas 18 mil entrevistas, me aprendí de memoria qué decir en la sicológica y ya tenía casi desarrollados los músculos de la sonrisa. Durante meses, no encontré ninguna pega donde me pagaran medianamente decente y finalmente decidí emprender con lo que más me gustaba en ese momento: hacer cupcakes. Lo chistoso fue que en el momento que el negocio empezó a funcionar y yo ya me había hecho toda la idea de ser emprendedora, me llamaron para una pega en la que me pagaban medianamente bien y que parecía interesante. Yo la tomé porque me dio susto ser emprendedora para siempre y salirme del mercado laboral. He trabajado de manera dependiente hace tanto tiempo y estoy tan acostumbrada a tener plata en el bolsillo, que me dio pánico seguir intentando emprender y me confié con el trabajo “estable”.
Ahora tengo 26 y en unos pocos meses cumplo 27. Voy acercándome rápido a los 30 y aunque me da lo mismo cumplir años o envejecer, lo que si me complica es ver cómo pasa el tiempo y me siento más confundida que nunca. Cuando me fui de la casa de mis papás, me fui a un depto compartido por dos o tres meses mientras encontraba el que sería mi hogar, sin embargo ya llevo un año y parece que mientras más quiero cambiarme, más me cuesta. He visto unos 10 mil deptos en diferentes lugares de Santiago y siempre hay otras mil familias interesadas tratando de arrendar con sueldos mucho más altos que el mío, por lo que después sólo recibo un correo que dice “lamentamos informarle que otra familia se adjudicó el departamento”. Paralelamente a esto, mi trabajo se transformó en una explotación casi absurda que no se compara en lo absoluto al sueldo que obtengo a fin de mes, el cual por supuesto se me va en pagar y pagar deudas.
La pregunta es… qué hacer cuando todo se ve así de negro? Yo al menos hago esto: me levanto todos los días para venir a trabajar, sigo enviando mi CV a cuanto trabajo creo que puedo realizar y postulé a un magíster para intentar encaminarme profesionalmente. Me aceptaron en el magíster y ahora sólo pienso en de donde voy a sacar plata para pagarlo, pero aunque me quede sin comer juro que haré el magíster. Sigo buscando depto todos los días. Sigo pensando qué hacer para cambiar mi vida y lograr estar en paz. A veces siento que hay una fuerza oscura que no quiere que las cosas me salgan bien, y aunque hay un alto porcentaje de días en que el cansancio me gana y me rindo y siento que quisiera enterrarme, la mejor parte es que hay otros en que me alegro de que a pesar de todo, sigo soñando y sigo levantándome para tratar de hacer realidad esos sueños. Sigo confiando en que mientras no deje de moverme, voy a seguir avanzando hacia adelante.
*Esta historia continuará…


Puedes ver la entrevista que le hicimos a Pame acá: http://bit.ly/1vAvcZP

 


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